Cardo, la primera vida del «desecho»

Chiara Rossi está profundamente comprometida con la sustentabilidad. Resulta refrescante y esperanzador comprobar cómo ese compromiso se hace tangible en cada una de las prendas de su marca. Cardo es el resultado de un largo recorrido que aún continúa: un proceso de descubrimiento, creación, experimentación y conexión entre territorios tan lejanos como la comarca catalana del Ripollès y La Pampa, en Argentina.

Un proyecto en el que la lana descartada, deja de ser un residuo de la industria para convertirse en el punto de partida y motor de nuevas posibilidades, nuevas maneras de vestir, de conocer y de reconectar con la naturaleza que habita en nosotros.

Chiara Rossi

¿Qué te llevó a iniciar Cardo?

Creo que está muy ligado a quién soy, porque Cardo es mi marca, pero seguro que tiene mucho que ver con lo que ya hacía antes y toda mi trayectoria con el diseño. Estudié diseño de indumentaria en Buenos Aires, y desde el día uno fui guardando todos los desechos de tela, papel o del material que fuese de mis proyectos de la carrera, me conflictuaba muchísimo tener tanto descarte.

Sí… También estudié diseño de moda y la cantidad de telas que desechas es terrible. 

La verdad es que me metí un poco en la carrera sin saber mucho cómo funcionaba la industria realmente, y una vez que me encontré con esa realidad, no me sentí para nada a gusto. Incluso estuve años pensando que quizás tenía que hacer otra cosa, porque el estar preocupándome por el desecho que iba a generar, me limitaba a la hora de crear. 

Eso me llevó a que, a lo largo de la carrera y después de terminar, empezara a trabajar con desechos, todo lo que me sobraba lo usaba para algún otro proyecto. De esta manera fue mi primera forma de tener contacto con lo que hoy en día es Cardo. La marca surgió después como trabajo del máster que vine a hacer a Barcelona. Era específicamente de sustentabilidad y tecnología, así que había mucha presión por intentar trabajar con algo que fuese descartado o un desecho de otra industria para hacer el proyecto final. Ahí me encontré con la realidad de que en España se está tirando mucha lana, no se quiere ni se usa para nada.

Y decidiste aprovecharla para tu proyecto.

Sí, fue algo que me llamó mucho la atención porque viniendo de Argentina, siento que todavía las fibras naturales tienen bastante prestigio, por lo menos, esa es la sensación que tengo. Porque siempre que encontrás algo natural es mucho más caro y tiene un trasfondo que lo hace más lujoso. Y noté que acá no es la misma situación. Obviamente dominan en el mundo las marcas de Fast Fashion, te lo venden todo de poliéster, la lana ya nadie la quiere usar porque las prendas son más difíciles de cuidar.

Lo que más me llamó la atención, lo descubrí creo que en 2024, y cambió mi concepción de cómo se entiende la lana. Mayormente se considera un desecho de otra industria, en este caso, la industria cárnica o leche de oveja. Me pareció fuertísimo porque es un material súper rico, con muchas propiedades que usamos desde toda la historia de la humanidad.

Si hemos llegado hasta aquí es también gracias a la lana. 

Exacto, por eso me pareció una locura. Estamos en un momento en que la lana es muy barata. Y viniendo de Argentina y tratando de hacer una vida acá, está bueno porque puedo empezar a trabajar sin tener que hacer una inversión gigante. En el diseño uno tiene que pensar también cómo va a vivir, ¿no? Pero no pude creer que se descarte y empecé a investigar y hacer cosas, descubrí que podés afieltrarla, podés tejerla… Tiene muchas formas de uso. 

¿Trabajas con muchos procesos diferentes para hacer las prendas de Cardo? 

Sí, hoy en día siento que no me centro en un proceso en específico. Nunca antes había trabajado con lana, Cardo fue mi primer acercamiento al material. En cierto punto creo que eso es bueno, porque no tenía ningún conocimiento previo y puedo experimentar más.

¿Qué fue lo que pensaste en ese primer encuentro del primer proceso de ir trabajando el material?

Primero, siento que tiene algo bellísimo, todo es super manual, no hay nada que puedas pasar por una máquina para que te lo resuelva. 

Primero probé el fieltro, una técnica en la que frotas la lana y se va apelmazando. La primera vez que lo hice con materiales que tenía a mi alrededor, una bolsa del Mercadona de plástico y jabón de lavaplatos. Después, busqué más información y entendí que se podían hacer con otras cosas. Los primeros resultados estuvieron muy buenos, quedaba con agujeros e imperfecto, y decidí integrarlo como algo que enriqueciera el diseño final.

¿Por qué elegiste el nombre de Cardo, qué simboliza para ti? 

Llevaba pocos meses acá, tenía que hacer el proyecto final de máster y me sentía un poco desconectada del territorio. Más allá de que trabajaba con lana, no me sentía atada a toda la historia que tiene ese material, pero también me interesaba que formase parte de la marca, porque usar materiales locales es parte de hacer un proyecto sustentable.

Me interesaba muchísimo tratar de contar la historia de los pastores que están detrás de la crianza de las ovejas de la lana que uso. Hay mucha cultura de pastores catalanes, pero yo no me sentía tan atada a eso porque no soy de acá. Entonces traté de unirlo de alguna forma con algo que sí me resultara más cercano: con el campo argentino y la pampa.

Cardo conecta ambos lugares perfectamente porque es una planta pinchuda que crece tanto donde están las ovejas, en Ripoll, y las mismas ovejas también están en los campos de la pampa. Además, la lana que estoy usando es muy pinchuda también. Es una de las características que tiene, lo que hace que nadie la quiera. El cardo también es una planta fea a la vista, que si la tocas no es muy divertido. Sentía que la lana se estaba usando con los mismos prejuicios que el cardo, y además unía perfecto ambos territorios.

Parece la palabra perfecta. 

Siento que tenía que ser. También es una planta bellísima que se encuentra alrededor del mundo. El otro día estaba de camino a la playa en la ciudad de Barcelona, y vi una. Tiene algo muy de persistencia.

¿Cuáles dirías que son los valores que quieres transmitir a través del proyecto? ¿Y por qué las prendas de ropa son su medio de transporte? 

La palabra central es sustentabilidad como valor. Si tengo que ser cien por cien sincera, me genera un poco de conflicto decirlo, porque hoy en día es una palabra que se usa muchísimo y, en mi opinión, muchas veces se usa mal. Hay una gran desinformación por parte del consumidor, justamente por eso quiero empezar a comunicarlo más desde la marca.

Para mí, la materia está en el centro, y la sustentabilidad une todos los valores a la perfección, todo está hecho de forma artesanal. No digo «a mano» porque, al final, todas las prendas que usamos están hechas a mano, y eso es algo que también solemos olvidar, como nuestra conexión con la naturaleza, necesitamos volver a acordarnos de que existe un mundo natural fuera de nuestras ciudades. 

Me gustaría que la prenda cumpliera el rol de ofrecer la oportunidad de vestirlas sin herir a nadie ni al medio ambiente, hechas con cariño y amor a cada paso del proceso.

También usas biomateriales, imagino que para facilitarte la construcción de la prenda con la lana.

Sí, no tenía mucha experiencia con el trabajo en lana y nunca había hecho nada tejido. Es un mundo bastante complicado de entender, cómo trasladar las formas que uno conoce de los patrones normales, del plano al tejido… aprendo haciendo. En mi caso no busqué nada de información, fui haciendo pruebas con el material, las iba poniendo sobre el cuerpo, hacía muestras que, al principio, siempre eran cuadradas. Y a base de esos cuadrados, iba configurando las prendas. Me interesa mucho más que hacer una prenda con los patrones que conocemos de toda la vida.

Los biomateriales me vinieron a salvar un poco con el tema de que el fieltro, por ejemplo, es una cosa que lleva muchísimo tiempo de hacer porque tenés que estar horas y horas amasando la lana. Para hacerlos con el tiempo que tengo disponible, empecé haciendo paños chiquitos uniéndolos a este nuevo material. También me gustó mucho cómo quedó la transparencia, fue una forma de aprovechar los agujeros que me quedaron en un principio.

Mi metodología de trabajo consiste en usar todo lo que hago, no quiero tirar nada. Entonces, por más que cree algo que en la industria sería considerado un defecto, busco la forma de convertirlo en parte del diseño, usándolo como una riqueza visual.

¿El material es el que marca el camino para la creación de una prenda, y no tanto una idea inicial?

Totalmente. Hay algunas prendas que sí se originaron de un dibujo, pero estoy tratando de alejarme cada vez más de esa forma de trabajo y pensar más desde el material. Me gustan las prendas de las que conozco el proceso, partir de una muestra chiquitita, amplificarla y ver cómo se une al cuerpo. Si el material no lo permite, es porque no tiene que ser. 

La industria de la moda estira muchísimo el chicle, abusa del entorno, de las personas… Que el material sea “quien” marca los límites también es muy interesante.

Me gusta mucho la frase “la naturaleza es sabia” y sí, lo es, porque no hace nada que esté en contra de lo que ella puede lograr. Y nosotros deberíamos manejarnos de la misma manera cuando estamos creando objetos. 

¿Cuál es tu estrategia para llevar el proyecto al público más allá de lo digital? 

Hasta ahora lo que estoy haciendo es vender en tiendas muy chiquititas en las que haya otros proyectos que trabajen con los mismos valores. No estoy haciendo una producción masiva, voy trabajando prendas individuales, las llevo a tiendas y ahí la gente puede ir, probárselo y comprarlo si le gusta. Honestamente, me gustaría moverme a una metodología en la que la gente pueda encargar las prendas y hacerlas a medida. 

¿Y cómo ves la evolución de la demanda de lo sostenible? 

Siento que va aumentando. Quizás soy un poco pesimista, pero cuando me puse a vender prendas por primera vez, pensé que no iba a vender nada. Y de pronto me encontré con que había vendido todo lo que llevé a la primera tienda. No sé si se vendieron por el lado de la sustentabilidad o porque les interesó el diseño, pero creo que mucha gente está pidiendo más marcas que usen telas naturales. Es un proceso lento, pero veo un camino posible.

También es nuestra responsabilidad, como diseñadores y artistas, crear productos que resulten alternativos. Al final es un cambio grande con mucho aprendizaje detrás, porque no estamos acostumbrados, por ejemplo, a lavar prendas de tejidos naturales. Estamos acostumbrados a tirar todo en el lavarropas y que salga perfecto, y con las prendas de Cardo no se puede hacer eso.

Para terminar, ¿cómo te gustaría que fuese el legado de Cardo?

Mostrar que sí es posible tener una industria en donde obtengamos prendas interesantes, bien diseñadas, que nos hagan sentir bien y lindos, sin arruinar el medioambiente. No vivimos solos, lo que compremos hoy puede impactar a otra gente del otro lado del mundo. Tenemos que reconectar con el sentido de comunidad, que al final es lo que nos ha llevado hasta donde estamos hoy. Suena muy cliché, pero tenemos que cuidar de la tierra. Es algo que se da por sentado, y por eso se nos olvida todo el tiempo.

@Cardo

ENTREVISTA: PAULA RODRÍGUEZ

Paula Rodríguez
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